viernes, 20 de diciembre de 2024

Despojo

 

Es fácil proclamar la suspensión de la norma, el grado cero del ser, sin sentido, sin corset, cuando los moldes son lábiles y las apuestas cobardes y los riesgos ínfimos. La ficción individual descomprometida del aquí, ahora. Uno se puede acostumbrar rápidamente a ese placer del abandono del sentido cuando sabe que es inofensivo, cuando las preguntas se desestiman por lejanas y fastidiosas.

Sin embargo, ni bien asoma, el abismo magnético produce un miedo implacable,  crece la enrededera de la idea del amor, lo cubre todo, desafía al sentido de la certeza y lo doblega en incertidumbre, en duda que acentúa la miseria del ser que se creyó completo y navega perdido por los mares del deseo

jueves, 5 de enero de 2023

La musicalidad de la historia

Pasó tiempo ya desde que Fernand Braudel hiciera famosas sus tesis acerca de las distintas duraciones en la historia. El historiador francés de la segunda generación de Annales había puesto especial énfasis en la historia con perspectiva de longue durée (larga duración). Así, la constatación – que hoy pudiera parecernos sencilla o incluso obvia – de que en el proceso histórico no cambia todo al mismo tiempo produjo una marcada renovación en la historiografía francesa de los años 50 y 60 del siglo XX.
Por supuesto que el aporte de Braudel no se reducía a señalar la heterogeneidad del cambio histórico, sino que tuvo la virtud de conceptualizar ciertas regularidades en lo que concierne a los ritmos de cambio de las distintas esferas de la realidad histórica. Esa renovación impulsada bajo el paradigma estructuralista, desde luego, no se limitaría al campo historiográfico francés, sino que se difundiría rápidamente hacia otras latitudes, y particularmente en nuestro país a través de los aportes de Tulio Halperín Dhongui y la escuela renovadora.
La historia es compleja puesto que es inabarcable. En este sentido, la historiografía profesional intenta producir modelos explicativos que son por definición recortes, retazos de la realidad de un proceso implicado por múltiples variables, y por ende sujeto a constantes modificaciones; Michel Foucault lo denominaba poliedro de inteligibilidad histórica, con lo que buscaba dar cuenta de las infinitas aristas de un proceso sólo cognoscible a partir de una mirada estática en un contexto dinámico. ¿Cómo construir conocimiento histórico con estas limitaciones?
Fernand Braudel desterró para siempre la historia-relato unidimensional del campo de la disciplina profesional. ¿Pero cómo trasladar esa multidimensionalidad a la enseñanza en la escuela media? Desde mi experiencia como profesor de historia y ciencias sociales aprendí la necesidad de poner en práctica todo tipo de recursos que me permitieran acercarme al objetivo de generar un contacto con mis estudiantes; en líneas generales, procuraba establecer unas condiciones básicas de comunicación que abrieran un canal de transmisión de conocimientos. Entre esos recursos, la apelación a imágenes y metáforas propias del habla adolescente fue de los más utilizados.
Así, en el intento de transmitir esa visión compleja del cambio histórico, entre la marea del ritmo fáctico plagado de acontecimientos que caracteriza a la política, los ciclos de las coyunturas socioeconómicas y las persistentes condiciones estructurales de la cultura, la geografía, las formaciones sociales y los modos de producción, la música sirvió como un puente sólido e ilustrativo hacia mis estudiantes. ¿Por qué?
Primero porque están hechas de la misma arcilla: el tiempo. En este sentido, lo que definimos como “proceso histórico” no es más que un continuum inaprehensible del que tomamos un segmento A, y seguimos uno de sus hilos de desarrollo hasta un arbitrario segmento B, todas estas acciones sujetas al criterio (académico y consensuado, claro está) de investigadores e investigadoras. Ahora bien, la música también considera y da sentido a un fragmento temporal. No existe una obra musical infinita, o bien por definición esta sería irreproducible, al igual que la historia.
Segundo, porque las cualidades musicales pueden pensarse como metáforas aplicables a la comprensión y la inteligibilidad del cambio histórico. Abro un paréntesis para que se entienda mejor este punto. Cuando preguntaba en una clase si existía una relación entre la historia y la música, invariablemente la respuesta era siempre la misma: sí. Evidentemente había una intuición que conectaba ese lenguaje artístico con la comprensión y explicación de los cambios y permanencias de las comunidades humanas. Sin embargo, al preguntar por qué, prevalecía una actitud dubitativa.
Tras un breve silencio, alguien generalmente respondía que cierta música era propia de una época en particular. Por supuesto que la afirmación es correcta y así se los hacía saber. ¿Quién podría negar que Mozart o Beethoven suenan a otra época? ¿O que los cantos gregorianos evocan el espacio de una iglesia? De hecho, pude comprobarlo empíricamente a través de un ejercicio de audición en clase. Así, sin saberlo, los y las estudiantes señalaban la posibilidad de tomar la música como fuente histórica, una metodología aún no lo suficientemente explorada por la historiografía profesional. A veces alguien también respondía que cada música tiene su historia, lo cual evidentemente es cierto. Eso me daba el pie para plantearles – y exponer ahora – mi punto: “yo no pregunto sobre las cualidades históricas de la música, sino por las cualidades musicales de la historia”; entonces solían quedarse calladas y callados.
¿Y cuáles son las cualidades de la música? La primera en surgir en clase fue, prácticamente en todos los casos, el ritmo. Rápidamente se trazaba así la relación entre las duraciones de los periodos históricos y las duraciones musicales. No todo cambia al mismo tiempo. Una de las máximas resultantes de los aportes de Braudel cristalizaba en el contexto de la clase. Así advertían que en nuestro tiempo hay cosas que cambian a gran velocidad, otras más lentamente, y otras continúan igual desde hace siglos. De este modo entendían el sentido que da la perspectiva histórica, y por qué el presente hace variar la visión que se tiene sobre el pasado.
Las otras dos cualidades no siempre eran mencionadas por el grupo, lo cual no implicaba que, una vez enunciadas, no comprendiesen su sentido. Me refiero a la melodía y la armonía. A partir de estos tres aspectos del lenguaje y la teoría musical, lograba transmitir un sentido diferente – y me atrevería a decir más completo y profundo – de la comprensión histórica. ¿Qué sugiere la noción de melodía a la historia?
En música, la melodía suele ser la parte más fácilmente reconocible de una obra musical y la que le imprime su identidad. Esto se ve más claramente todavía si se trata de música popular. Cuando una persona quiere referirle a otra una canción, lo que hace es cantar o tararear una parte de una melodía, probablemente la más representativa. La melodía es lo que resalta y se destaca en una obra musical. En la historia, ese rol melódico pertenece a los grandes personajes protagónicos de la historia, especialmente los vinculados de alguna forma al poder político en clave masculina.
Porque si bien es cierto que en los últimos años ha habido una reivindicación de las mujeres en la historia, la historiografía más difundida ha tendido a completar el panteón histórico memorable como si se tratara de un álbum de colección. Lo criticable no es recuperar la vida de mujeres en la historia, sino la insistencia en pensar y explicar la historia como un relato con papeles protagónicos. En una composición compleja puede haber varias melodías, y es frecuente que a algunas les prestemos menos o ninguna atención, o que no recurramos a ellas para hablar de la obra; escucharlas, al igual que en la historia, se torna una decisión.
En relación a esto último, cabe considerar ahora la armonía. Si las melodías implican el protagonismo en la historia, la importancia, los roles destacados que han tomado por diversos motivos algunos seres humanos en un proceso histórico, la armonía es el contrapunto necesario e insustituible. Si escuchamos una linda melodía seguramente nos agrade, pero nunca será lo mismo que escucharla en su contexto musical completo, con todos los instrumentos musicales y las mejores condiciones acústicas. Aún así, nos será difícil identificar, nombrar eso que suena junto con la melodía, ya que para hacerlo se requiere conocimiento de conceptos específicos y, según la complejidad, una atención especial.
Una melodía aislada puede tener la virtud de invitarnos a escuchar más, pero por más bella que sea no será suficiente por si sola (salvo que se convierta en el refugio evocado de un alma conmovida, como un recuerdo), y si se repite hasta el hartazgo correrá el riesgo de perder su sentido artístico, de convertirse en jingle, en cliché, en música de espera telefónica. Por ello, la armonía en la historia la conforman todas las voces anónimas a las que nos referimos con conceptos tales como “contexto social”, “actor político colectivo”, “clase social”, “estamento”, entre otros, conceptos sin los cuales es imposible explicar y analizar las figuras protagónicas; podremos hablar de estas últimas, conocerlas, pero no entender rigurosamente su sentido histórico.
Sin embargo, esos conceptos adquirirían mayor peso en la medida que no sean utilizados como abstracciones deshumanizadas, sino como vidas con valor intrínseco y voz propia, amén del rol que voluntaria o azarosamente asuman en el conjunto. Por lo tanto, aplicar a la investigación y a la enseñanza la musicalidad de la historia es poner en consideración la interdependencia de estas tres cualidades metafóricas, de tal modo que nos habilite a pensar y explicar un proceso vivo, del cual el presente nos puede brindar, no debemos olvidarlo, tan sólo un punto de vista y una perspectiva.

domingo, 24 de abril de 2022

¿Por qué escribir poesía?

Por qué escribir poesía

Por qué subrayar las líneas principales

de un fracaso inédito.

 

Amante un niño en el ocaso

de la figura transmutada en letras.

Su piel golpeada por la arena

sus movimientos de insecto

un hipnotismo un eclipse.

 

Por qué escribir poesía,

no siento que las artes devuelvan nada.

 

Por qué escribir poesía

Por las nubes los otoños y los parques

o el agua de los charcos

manchando algún recuerdo.

 

Por qué escribir poesía.

Son tan sólo versos

hamacándose en la hoja

entregándose al viento.

 

Por qué escribir poesía

si la llama  la chispa y la rima

encierran ante sí sus razones

y el cartel luminoso entraña un secreto.

Por qué escribir poesía,

por qué no mejor guardar el misterio

del confín oculto del alma

de la prisión sin paredes ni barras.

 

Por qué escribir poesía

sin la sutileza de los sabios

ni la gravedad de los ciegos.

 

Por qué escribir poesía

doblegado en las alturas

atascado en los llanos

corriendo en la niebla.

 

Por qué escribir poesía

y discúlpenme que insista:

reniego a mirarme en el espejo.

 

Por qué escribir poesía

y recordar lo que se fue

y adorar lo que no es

y denigrar lo que siente.

 

Por qué llenar un cuaderno de dudas perennes

y acariciarlas en el susurro

hasta casi verlas sonreír.

 

Para qué asombrarse

del misterio de la vida

del crepúsculo de un dolor dormido.

domingo, 27 de septiembre de 2020

La necesidad de morir

Reflexión sobre los prólogos a los libros "Transgénica", de Gabby De Cicco, y "La Desobediencia", de Claudia Masin. 

Voy a intentar seguir la falsa convicción de escribir con libertad. Los prólogos me dejaron circulando una energía, una resignación que a lo mejor posibilite un tránsito perpetuo. Hay entre escritoras y lectorxs un tendido, un puente pero en el sentido eléctrico. Me urge expresar una soledad narcisista, hablar del puente individual. De la conexión única y no casual. Del ruido, de las interferencias.  Desde mi punto de vista, y no porque mi punto de vista sea el indicado, sino porque definitivamente no lo es. Soy varón cis, heterosexual, blanco y con acceso a una vida pequeño burguesa. Soy normal, qué asco, con lo que detesto esa palabra. Pero sería hipócrita pretender hablar desde otra perspectiva, porque nunca compartí ni comprenderé un dolor semejante del que se nutren les autorxs de los libros prologados.

No quiero que me malinterpreten. Puedo comprender el dolor desde una racionalidad apenas teñida por experiencias renuentes a aceptar las presiones machistas que, sin punto de comparación, me provocaron cierto sufrimiento. Era un no hallarme pero desde un lugar de soledad que se conformaba mal con la recompensa de sentirme mejor que otros. Aun así, me crié disfrutando de todos los privilegios que mi condición socio-identitaria podía brindarme.

Esa limitación empírica y empática no anula la enorme carga y potencia de la poesía adelantada que sigue circulando por mis venas y todavía me pone en la necesidad de expresar algunas cosas. En ambos prólogos la poesía es un vehículo de metamorfosis y un salvoconducto de libertad. La desobediencia constante a lo preestablecido. La voz que resuena rompiéndole los tímpanos a la indiferencia. Aire. La fuente de oxígeno de voces resquebrajadas que han encontrado un espejo benevolente. La poesía es disruptiva por incierta. Es la incertidumbre lo que enamora, le oí cantar a Dolina, y también se me ocurre, lo que conmueve, lo que moviliza, lo que atemoriza.

Una salvedad. Claudia Masín dice anticipando Transgénica: “Y sin embargo, sin embargo Gabby De Cicco lanza el conjuro, lanza el mantra con el que termina el libro, lo lanza a donde sea que llegue, porque las palabras siguen teniendo el poder de cambiarlo todo, porque siempre habrá un resquicio de libertad y de desacato por donde puedan escapar de la malla de acero que las cerca, la misma que a todes nos comprime el cuerpo, particularmente a quienes no encajamos, no encajaremos nunca en molde alguno.” Aunque las palabras sean aire, fuente de vida, escape de las cadenas, no lo cambian todo. Las palabras son humanas, no son omnipotentes. Creer que lo cambian todo, es un grave error, es inventar  el dogma, es vitalizar el martirio. El esclavismo fue un sistema humano también, contrariamente a lo que suele pensarse y decirse: llamarlo inhumano fue uno de los pasos (y ciertamente no el más decisivo) para abolirlo. Me apuro a decir que hablo solo del esclavismo, no de la esclavitud, cuchillo que aún tiene muchísimo filo.

Podríamos decir que el capitalismo es inhumano, o mejor dicho deshumanizante, cosificador, patriarcal, machista, destructor de la naturaleza y muchas otras, que seguirá allí pese a que le insultemos toda la verdad: perro que ladra no muerde. No obstante decir es hacer. Allí donde están el mercado, la propiedad privada y el individualismo (la Santísima Trinidad vigente) diciendo objeto responde el lenguaje diciendo humano, y en ese conflicto se juegan nuestras cortas vidas. La poesía nos impulsa un hacer que eventualmente encontraremos cómo decir que lo hicimos.

Los femicidios, los travesticidios, el odio normalizador, la exclusión, siguen allí. Qué explote. Sin duda, que explote todo como dice Gabby de Cicco. Pero no todes lograrán beber el antídoto. La “Utopía” de Moro pasó inadvertida por siglos, hasta tener una connotación revolucionaria. La lectura, el momento de la recepción condiciona ese lenguaje que al calor social se vuelve plasma.

Toda estructura de poder también es una estructura simbólica. Les sujetxs estamos encubiertos en esa estructura, pero a costa de volvernos invisibles. Yo soy un hombre más, parte de la ponzoña opresora. ¿Por qué sería más venenoso que otra u otre salga a asesinar hombres, ese vocablo cargado de cadenas desafiadas? Podrían matarme a mí. ¿Y qué más da? ¿Qué importancia tengo yo en los ataques físicos a los universos simbólicos, o más aún, a la justicia simbólica? Ninguna. 

Pienso que la enorme mayoría de mi capital autoritario (probablemente el de la mayoría) está compuesto por hombres. Por esa categoría tan sesgada a cuya contraparte mujer  desobedece Claudia Masin. Pero no salí indemne de esto y siento la necesidad de morir.

 Por lo menos me llevo la sospecha confirmada de que “todos mis hombres” no valieron ni valen tanto. La convicción de que siempre estuvimos y estaremos en el mismo lodo, todos manoseaos, y que esta poesía que fue hecha para poder beberse el veneno debe envenenarme (debe envenenarnos), debe destrozar cada ápice de orgullo, debe matarme para allanarles el camino.

Román Armas.  

jueves, 21 de marzo de 2019

Londres

Londres esgrime su cielo tímido al visitante que sin quererlo se inmiscuye en su universo.
Londres enseña sus lágrimas o el gris opaco de la realidad ...no es hostil ni severa, solo es ordenada (adjetivo terrible). Las cosas funcionan de un modo y no encontrarás un  rumbo distinto sin naufragar.  
O te adaptas a sus reglas o estarás solo y culpable de atentar contra la reina y su sabiduría. Si hasta la miseria está ordenada y el desahuciado espera en silencio hanging on a quiet desperation, que el pretendido erudito confirme la teoría de Darwin.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Otro poema

Nube
Esa bola naranja enterrándose en el horizonte
arropada por una estampida de gacelas
o de lobos hambrientos.
Los tendidos visten la tierra de civilización
y creen olvidar lo salvaje
que permanece detrás de todo
de la luna pisada
de los campos sembrados
debajo de la alfombra humana
cuyos retazos mal pegados
han hecho la historia.
Brillos del tiempo
que no sabe lo que es
surcan el cielo al compás del viento
entre cuchillas y garras
de ilusiones etéreas
y lenguas de fuego
y tristezas violáceas,
cada vez más convencido
de que uno ya es todo
e infinitamente nada
y que lo inhóspito invade
el camino del solitario
que busca incansable lo que no hay
y acaso halla el amor.
                                                     Román Armas

martes, 31 de octubre de 2017

Poemas









Destinos

De regreso al infinito

A la nada que se expande

En un arcoiris de grises

Destellos dibujados

El tiempo tan indiferente

Al sol que se quema

A la vida que se apaga

Al relámpago que nace

Y te atraviesa como el amor

Los sueños de generaciones

Cómodamente adormecidos

Nada, un charco más en el olvido

La excusa de un llanto perecedero

Que anida las pupilas empobrecidas

De anhelos ausentes del mercado

Y la vida, misterio indescifrable

Juega al destino barato

Al propósito de estar porque sí

Y como un niño impaciente preguntar

mientras la arena pasa en apariencia infinita

por el cuello frío del vil reloj

esperando el brote de la próxima sonrisa

que lo olvide.



Viaje

Leve el viaje que destaja la muerte y remueve

las esporas del deseo. 

Un vuelo disperso de avispa en la pradera,

Intuye la inquieta

Canción libre del poeta.

La sombra espera su turno

Confiada y resentida de las burlas del hombre,

El amor sin tiempo,

un espacio inconmensurable de palabras y de espinas

que nos visten el camino.

Un rincón

De pequeños universos apretujados y dispuestos

a morir su eternidad entre caricias de la vida.

La delicia de no saber el trazo de nuestra parábola,

La dicha y el pesar del conocimiento de las cosas

la aterradora pequeñez de nuestra suerte embriagada de sueños,

de cuerpos ensamblados en la noche,

De manos dispuestas a andar el camino

de miradas fusionadas que eclipsan los finales.




martes, 15 de agosto de 2017

Hacha

Esa ambición gordiana fluyendo en las venas
 ese dominio del corredor de Maratón 
esa renuncia a la renuncia de todo
abrir los pulmones y expulsar un huracán
sin nombre de mujer
 y matar nombres sin piedad
 sin culpa
Poseso en el éxtasis
 librado a un hacha sin filo
 que hiere la madera expiatoria e inocente
 mímesis de un sueño realizado
 y una paz tan dueña de mi piel...
Los pensamientos libres como el aire
 tan oscuros y voraces,
 almas en pena absueltas, absurdas
 un hacha para cortar cadenas enredadas
un fuego para exorcisar fantasmas
 un sortilegio de bienestar. 

viernes, 7 de julio de 2017

Ira

Lejos del centro de la ira
la tenue voz sacude un instante
de paz afligida y susurra
miedos acallados.

Dibujos de nervioso trazo
pasmados por su origen
de silueta sombría y nula nitidez.

Un ruego de tarde cansada con
Pájaros volviendo a sus nidos
Como recuerdos a la memoria.

Lejos del centro de la ira el aroma
a hogar de madera a sueños armónicos
de impúdica inocencia

El tiempo etéreo erróneo
en horas  de pantallas de ficción,
de lobos jugando con corderos
y la soledad fatal de luna de cuarto.

En el sueño el agua cubriendo todo
y las voces, tantas, diferentes
fuera del mundo acuoso repican
como campanas de una iglesia olvidada.

Y en el olvido en el fondo
En la justa que derriba ídolos de barro
tallo palabras de una piedra que tiembla
en el centro de la ira.

miércoles, 21 de junio de 2017

Desgarro

La tonada desgarra un viaje
por la piel erizada del frío o la melancolía
vieja noche de nostálgica pasión perdida
soy un pino en la nada de un páramo sensitivo
consciente de mis hojas espinosas, inexpugnables.
Sabrá la ternura un camino que entienda la infinitud.
Pero la música dispara hacia confines oscuros
revuelve la tripa y separa un dolor de su estante habitual
y en ese desgarro se sueltan sueños
que no adivino dónde posarán
y mi piel se descubre temblando
como una hoja lanzada al viento
como la roja hoguera regando chispas
que brotan de lo profundo del aliento
para no callarse, para hechar raíces.


viernes, 2 de junio de 2017

Canción




De cuna y letra distraída
remuevo sueños por los rincones
y nombro estrellas punzantes de
un otoño primaveral.
De nuevo el denuedo el nudo
en la voz reticente a cantar el dolor
a pesar del litigio interno del cuerpo
me inclino a besar el aire
y guardarlo en la bolsa
pero no la explotes, por favor.
Una canción para limar las fugas
constantes de la tibieza
y avivar un ardor que no tema el incendio,
un soplo o un grito en la nada del
inmundo valle de mis sombras...
quisiera verlas volar, quisiera
que el trueno las espante
y así en el eco de su ruido
de ojos pegados y confiados
cantar al fin un despertar.


miércoles, 24 de mayo de 2017

Devaluación

Devaluación
Triste la hora de la espera en que me capturaron tus sueños y sembraron la incertidumbre de un querer apasionado. Mientras esperaba que mi cuerpo absorbiese una espina todavía presente, me confesaste un deseo que acaso no quisieras que cumpla. Y es notable la dicha de dar lo deseado y terrible la sensación de ya no tener más nada que dar. Y por más que intente que dudes de que estoy dispuesto a entregarte lo que un vapor deseoso perdido en las nubes me señale, sospecho que vos ya lo habías percibido como una verdad de mis caricias, las que ahora (por eso mismo) quizás no valgan tanto...
 

lunes, 10 de abril de 2017

Tríptico

I
Oscuro
Viento que inhuma el vientre
suelo blando blindado tiemblo
sueño el día de la habitación libre
miento el llanto invisible para sus ojos
lo pienso lo modelo lo resaco lo cielo
lo dibujo en el muro prisma del pincel
disiento la ciénaga fangosa de lo eterno
linterna que opaca un bichito de luz
en el lado oscuro de una luna nueva
media el tedio el desorden crispante
e insinúo disfrazarme de cometa
fuera de los ojos y de la órbita.

 II
Una orilla
Los pies mojados la espuma prístina
brilla la calma de este lado de la orilla
siempre de este lado atrás de un recuerdo
en otra orilla África Europa el Infierno qué más da
una orilla fuera de la corriente
a salvo
aunque me pidiesen a versos que no me salve
contemplo el tiempo en la piel ajena
y no pienso en nada en nada
nada más que África Europa el Infierno
qué más da.


 III
Diamante
Dime tu piedra tu tierra tu desilución
canta la selva la siembra la agonía
repetida reiterada resentida reinstalada
en el fondo de una placa subterránea
subsumida al gusto táctil dúctil fútil
de huellas dactilares que se fueron
dime sin timos de tahúr amable
tu verdad díscola innombrable
deidad en guerra en capricho enceguecida
dime el puerto en el que zarpa tu holograma
de ventanas abiertas y atravesadas por el sol
no me muestres tus anhelos minerales
milenarios desvelos despegos desvanes
retazos imanados de sueños corrientes
sólo pinta el aire de fuego
y brilla.

Román Armas (2015)  

lunes, 25 de abril de 2016

Reversos

Pérdidas

A fuerza de pérdidas me he vuelto receloso de mis fantasmas,
me he vuelto a contemplar los espacios clausurados del corazón
quizás para percatarme de la verdad de lo efímero, aunque no lo creía así.
Toda una gran ausencia y la tristeza de saber que las pérdidas han superado
los beneficios...



Rapto 2 am 

Me obsesiona lo eterno
la eterna negación,
el oso hibernadero
mi pálida atención,
mi suave desnudez
su estrecha liviandad
el frágil murmullo
el cálculo dispar de lo infranqueable
aletargado, impúdico, incurable
elemento obceno, obsesivo, obtuso
dulces penas cantadas y un iluso
lastre cargado de reproches cursis.

lunes, 25 de enero de 2016

Piano

Piano

No es la suavidad al tacto
ni el previsto devenir de tus colores.
Desde antaño oí tu llamado
ingresando como un eco de mi piel.

Tantas veces te pensé
entre sonidos y anhelos
y corrí en la euforia del pasillo
una sonata en tu color codificada.

Piano que me salva de las noches
piano que escucha la tristeza
y la absorbe como una esponja melancólica.
¡Con qué simpleza te adueñaste de mi insomnio!

Piano olvidado, testigo del tiempo,
de teclas mudas y cuerdas rotas,
renaces en el toque intuitivo
del encuentro fugaz con un niño.

Extraño cuerpo alimentado de angustias
fuiste creciendo en belleza y sentido
hay algo mágico en tu sonido
que de algún modo ilumina mis sombras.
Román Armas 

jueves, 10 de diciembre de 2015

Homenaje a Ulises Oliva

A veces ocurren en la vida cosas impensadas: misterios del alma que solo se dan a conocer (y a veces ni siquiera eso) en el adiós. Importa hacer lugar a la medida de la pérdida, valorarla en toda su extensión; saber en qué y cómo nos ha tocado, con qué justeza su huella se ha grabado en nosotros para lograr así su inmortalidad. O al menos la calidez de una lejana visita que, de vez en cuando, como un abrazo inesperado, dibuje una sonrisa en nuestros labios.
Intento saber, con el dolor y la necesidad de recordar, cuánto fue Ulises para mí, qué marca imborrable llevará su nombre en mi existencia: marca de talento, de compañerismo, de inteligencia y de generosa bondad.
Román Armas

Ulises

Yo sé quién fue Ulises si me lo preguntan
manso vikingo de noble corazón
me reclutó para una causa nunca perdida
donde fue espejo columna y verdad.

Yo sé quién fue Ulises el de los mil consejos
el de la difícil travesía perdido en la aventura
de dioses impiadosos y angustiosa soledad:
él acaso no sabía a qué Ítaca volver.

Yo sé quién fue Ulises el justo guerrero
que vela por sus tropas y su pueblo
en los atardeceres de rosáceos dedos
en la tiniebla de la duda en la desazón.

Yo nunca dudé de Ulises compañero de ilusiones
guía humilde astuto gigante y amigo
que en la divinidad de su nombre
no pudo soportar lo humano.

Yo creo en Ulises
como debe creerse un mito
alojándolo en el alma
sintiéndolo en el aire
en las señales de la noche
en el dibujo de las estrellas
en el silencio y la penumbra
en cada Troya por vencer

para soportar el canto de las sirenas
para elegir el camino difícil
para que tu recuerdo
nos haga un poco mejores.



martes, 1 de diciembre de 2015

Hamaca

Hamaca

Hamaca del claro sin viento ni lluvia,
eslabonada de sueños cubiertos de óxido          
recuerdas los destellos, padeces el olvido.
Hamaca del trapecio hamaca única
has envejecido mas no muerto
todavía te visita un niño
y activa tu gloria de libertad.
Guardas en tu memoria de tabla gastada
el tímido vaivén de los enamorados
encanto del mareo, el aterrizaje forzoso
efímeras proezas.
Estás sola aunque te intuya tras la ventana
entregada al péndulo del mundo
donde el eterno sueño es ir para volver
y volver para partir.

Román Armas (2015)

jueves, 19 de noviembre de 2015

Del todo y la nada


Hay regresos indomables que te esperan allí, en la nada; desquites ligeros que no cubren sino el óxido del olvido. Hay estaciones de madrugadas fantasmales, de agonías crónicas. Hay legiones de recuerdos asediando el presente; hay niebla en la carretera unilineal del futuro. Hay un futuro no perfecto, compuesto, complejo, que te nombra. Hay un anónimo deseo. Hay ensueños tristes y rojos porvenires. Hay toneladas de todo en la nada; hay todo por construir.
Román Armas (2014)

lunes, 19 de octubre de 2015

El maniquí

El maniquí

Me acuerdo de aquel lunes de mayo, no tenía nada de especial, era un día como cualquier otro. Quizás se distinguía en que estaba un poco lluvioso, y que las nubes tenían formas hermosas (creadas seguramente por mi mente). Pero no era nada que no hubiera pasado antes: en general todo tiende a repetirse, y mucho más si se trata del clima. En esta normalidad iba yo volviendo del trabajo. Caminaba con pasos cortos y rápidos, por temor a resbalar en el piso mojado de la peatonal. Iba pensando en cosas intrascendentes (como es costumbre en mí), del orden de quién ganará el domingo, cómo están las cosas, no se puede vivir: es decir, indignado como buen argentino. Estos pensamientos sólo eran interrumpidos, y muy levemente, cuando se cruzaba ante mis ojos una mujer hermosa. Digo muy levemente porque la lluvia se hacía más copiosa haciendo funcionar automáticamente más rápido mis piernas. Sin embargo mi apuro fue en vano: se largó una lluvia torrencial, con mucho viento, que me obligó a buscar refugio bajo el toldo de un negocio. Más por hacer algo, que por otra cosa, me puse a mirar la vidriera. Era un local de ropa informal, es decir, de aquella ropa que no es formal, pero que no es un disfraz (aunque a veces no sé quién pone el límite entre lo que es disfraz, y lo que es ropa informal).
Había 3 maniquíes en la vidriera, dos representaban la figura de un hombre, y el otro el de una mujer. Me llamó la atención que la mujer maniquí no estuviera vestida y que solo representara una bella mujer desnuda. Al contemplarla dejé de pensar en una figura inanimada. Conjeturé que quizás hacía tiempo que estaba así, siendo utilizada, explotada, tan solo por su incapacidad de movimiento y de respuesta (¡como tantos!). Imaginé que quizás sentía vergüenza de que todas las personas que pasaban por ahí la mirasen. Claro está, era imposible, ella no podía sufrir, pues no tenía conciencia de nada de lo que le sucedía. Pero si este maniquí supiera que es tal cosa, y que está destinado a sufrir irremediablemente las mas diversas humillaciones, sin poder siquiera cambiar el semblante o demostrar algo del infinito sufrimiento que se iba acumulando en su interior... no, no podría existir peor tortura para un alma conciente.
Sobre estas cuestiones divagaba cuando noté que, haciendo (seguramente) un esfuerzo sobrenatural, el maniquí (una mujer en penuria), movió ligeramente un dedo.
Román Armas (2005)


domingo, 13 de septiembre de 2015

El pianista

El pianista
Sólo un candelabro interrumpe la intensa oscuridad del salón. De largos y ágiles dedos, mana una música brillante que se traduce, se codifica, en el poderoso sonido de un piano. Unos ojos incendiarios de mujer acribillan al solitario músico, quien no se ha enterado aún del perfume que poco a poco se apodera del aire. Ella lo mira, y es capaz de sentir la pasión que fluye por esas volátiles manos, en cada compás de soledad. Un magnetismo leve aunque irrenunciable, atrae a la mujer en dirección al pianista; ella desea inmiscuirse en aquel fluir de notas y vibraciones cuyo origen misterioso la desplaza hacia una periferia insoportable; pretende suplir aquel misterio por otro, el que invade su cuerpo y no se cuestiona: está celosa de la música. Son, sin embargo, celos en permanente conflicto con la admiración despertada por el músico, y la excitación de desear interrumpir el mónologo del arte, que la lleva al punto de caminar decididamente hacia el piano. Se quita los zapatos haciendo el menor ruido posible (no quiere que ningún elemento exterior a ella distraiga al pianista), y avanza.
De las penumbras del salón nace la silueta de una hermosa mujer. De a poco aparece el brillo de su largo cabello castaño, de poco se iluminan los bordes perfectos de sus piernas. Está a pocos metros del piano y su sombra se transforma en una seductora imagen erótica, con la que juega y baila; es una sombra que se proyecta agigantando su figura hasta fascinarla, y envolverla, hasta el punto de creerse ella misma una creación óptica guiada por una figura ajena, exterior.
El pianista siente la presencia de la mujer, e intuye el torbellino que traen sus pasos, pero se resiste a él, no debe dejar de tocar: la música aún es la anfitriona de la noche. Pero su cuerpo, y sus dedos, en tanto que artífices de ese lenguaje agónico que dialoga con la muerte en cada acorde, ya no pueden ser indiferentes, e invitan con un nuevo fluir musical a que la mujer participe de aquella reunión privada. Ella accede sin necesidad de las palabras, su baile se torna erótico, animal, provocativo (la música lo tolera). Pendula su cuerpo de un lado al otro, diestra y sensualmente. El pianista la acompaña con figuras, frases conforme a las figuras dibujadas por el cuerpo de la mujer, a su vez inspiradas por la sombra. Su baile continúa, y siente el intenso calor que bulle en su interior; no puede ni quiere contenerlo. Comienza a desnudarse con lentitud análoga al tempo musical. Se deshace del disfraz que la cubre y manipula sus pezones. Con la simpleza de movimientos que no olvidan ni un segundo la atmósfera, roza las palmas de su mano contra su abdomen, la desliza al pubis, retrocede, asciende por su pecho y por su cuello. El acercamiento al piano es máximo, siente en el interior de sus piernas la suavidad de la madera.
Ahora, lentamente la música pierde protagonismo, se vuelve dispersa, como si le costara respirar, buscando salir a la superficie del río del deseo que implacablemente la arrastra al fondo; el pianista no puede dejar de mirar a la mujer. Pero así como él no detendría sus manos hasta que una fuerza extrerior lo obligase, ella tampoco lo haría. Por ello continúa bailando hasta culminar su desnudez y completar la conexión, que al mismo tiempo implica una expulsión, una sublimación. Eleva sus piernas rozando al pianista; lo abraza desde atrás con sus manos, las mismas que luego le toman el rostro al músico para hundirlo en el aroma de sus senos. El calor fluye libremente por sus venas y la música ya no importa. Sólo falta un movimiento para terminar aquella conquista, aquel desplazamiento del arte por el deseo en estado puro... cuando ella se impulsa con los brazos, se sienta sobre el teclado y se desliza enlazando con sus piernas al (a partir de este momento) hombre de traje negro, poniendo el acorde final que no entiende de armonía. Entonces la música vuelve tranquila, latente, a las entrañas del hombre de traje negro transmutado en su esencia... para darle la entrada a la otra música (también agónica), esa música disonante, cálida, estridente, aguda, arrítmica, temblorosa, frenética, placentera, orgásmica: la de los cuerpos.

Román Armas